En un rincón del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Balears, Ángel de Matías se sienta con una preocupación que no oculta. «Dos accidentes implican que hay algo mal en el sistema», dice con una firmeza que resuena en la sala. La reciente tragedia ferroviaria ha sacudido no solo las vías, sino también nuestra confianza en los servicios públicos. Y aquí está él, vicedecano del colegio, alzando la voz para exigir respuestas.
De Matías no se conforma con buscar culpables. Asegura que es vital ser cautelosos al investigar las causas: «Es imprescindible una investigación de la máxima rigurosidad». Porque reducir todo a un simple error humano sería ignorar un problema mucho más profundo. En su opinión, el error humano es solo uno de los factores: «Es lo más impredecible», y cualquier estrategia que busque seguridad debe contar con sistemas automáticos que minimicen estos riesgos. No podemos dejar decisiones críticas en manos de alguien que puede fallar.
La necesidad de respuestas claras
Aunque reconoce que pudo haber fallos, también deja claro que la información sobre lo sucedido ha llegado a través de filtraciones poco fiables. «No sabemos qué sabía esa persona o por qué pidió aumentar la velocidad», reflexiona, enfatizando que este accidente parece ser el resultado de una cadena de errores concatenados. Pero ahí no acaba su mensaje; los ingenieros balearicos son conscientes del talento y la experiencia técnica que hay en España: «Nuestra red de alta velocidad ha sido un referente internacional».
No obstante, eso no basta. La comunidad exige a gritos una investigación exhaustiva para entender cómo se han producido estas fallas y corregirlas: «Esto debe servirnos para mejorar». También abogan por nuevos sistemas de seguridad y piden una mayor profesionalización en el sector: «Máxima formación».

