Imagínate conducir por la autovía de Manacor y, en lugar de disfrutar del paisaje, te encuentras con un auténtico desastre medioambiental. Eso es lo que viven a diario los vecinos de Son Gual, donde las pilas de basura, restos de obras y otros desechos parecen haber tomado posesión del paisaje. Y lo peor es que, pese a las numerosas quejas enviadas a las administraciones, el tiempo sigue pasando sin que nadie haga nada.
La indignación crece entre los residentes
En un punto estratégico entre Palma y Algaida, cerca del antiguo restaurante Los Últimos Mohicanos, ahora cerrado, se ha convertido en un escenario digno de película de terror ecológico. Los habitantes no pueden entender cómo este acto de incivismo sigue sin respuesta. Las bolsas se amontonan al lado de la vía de servicio como si fueran parte del mobiliario urbano. ¡Qué imagen! El famoso ‘pirulí’ de Son Gual sirve como telón de fondo para esta escena dantesca que nos avergüenza como comunidad.
Aparte del horror visual, los olores nauseabundos han comenzado a invadir el aire y hasta roedores han decidido hacer su hogar entre tanta suciedad. Y aunque hay carteles del Consell de Mallorca indicando que es dominio público, lo único que desean quienes transitan por allí es ver acciones concretas. Necesitamos respuestas rápidas: ¿acaso no somos todos responsables?
No podemos quedarnos callados mientras la situación empeora. La zona I y II de Son Gual está marcada en rojo en el mapa del vertido incontrolado; aunque recientemente se han realizado trabajos en las áreas más visibles, muchos puntos ocultos siguen siendo un basurero ilegal. La Asociación de Vecinos ha denunciado esta problemática más veces de las que podemos contar. Pero parece que sus voces se pierden en el aire.
Todavía hay tiempo para actuar antes de que este problema se convierta en algo irreversible; solo necesitamos que alguien nos escuche y tome cartas en el asunto.

