Los vecinos de Son Gotleu han atravesado un fin de semana que no olvidarán fácilmente. Una ola de robos ha sacudido las calles, dejando a muchos propietarios de vehículos con un nudo en el estómago. «Ya no sabes dónde aparcar, no estás seguro y temes encontrarte cualquier día con la ventanilla reventada», nos dice una vecina con la mirada preocupada. Es una situación que se repite, como un eco de inseguridad que resuena en esta barriada tan frecuentemente señalada.
La realidad diaria de un barrio marcado por el miedo
Calle Joan Coll (Vell Duc), paralela a la Vía de Cintura, se ha convertido en el escenario principal de estos asaltos. Aunque los daños suelen ser más materiales que otra cosa, lo cierto es que cada robo lleva consigo una carga emocional pesada. En las cercanías hay varios centros educativos, donde tanto padres como docentes ya habían alzado la voz ante la inquietante presencia de personas que intimidaban a niños y familias. Y esto no es solo cuento; incluso algunos trabajadores del ámbito educativo han sido víctimas directas de este clima hostil.
Aunque pueda parecer inverosímil, hasta un parque cercano, el Joanot Colom, se ha transformado en punto de encuentro para toxicómanos y personas sin hogar. Un lugar donde los menores deberían jugar libremente, pero donde los padres sienten recelo por lo que pueden encontrar al cruzar sus puertas. La acumulación de basura también da cuenta del abandono que parece apoderarse del entorno.
«Hay días que recojo montones de cristales rotos», comenta un empleado habitual del servicio de limpieza, resignado ante la realidad cruda que vive su comunidad. Aparcar aquí supone aceptar riesgos, entre hurtos frecuentes y una presencia sospechosa constante. Los residentes claman por mayor vigilancia policial durante las noches y los fines de semana; momentos críticos donde los delitos parecen multiplicarse con impunidad.

