MADRID 24 Oct. (EUROPA PRESS) – Este sábado, las calles de Tirana volvieron a llenarse de vida y energía, cuando miles de personas decidieron alzar su voz una vez más en protesta contra el Gobierno albanés. Estudiantes, junto con partidos opositores, no han querido quedarse callados ante lo que consideran un descontento creciente y han salido a reivindicar su derecho a ser escuchados. En respuesta, la Policía ha desplegado una impresionante fuerza de 2.500 agentes, utilizando cargas, gas lacrimógeno y cañones de agua para dispersar a los manifestantes que se agrupan con determinación.
Una lucha por la educación y más
Las protestas, que comenzaron en mayo, han tomado un giro intenso este fin de semana con ataques a sedes oficiales, dejando tras de sí decenas de detenidos y más de 300 heridos entre manifestantes y agentes. Entre los convocadores se encuentran profesores universitarios y artistas que han hecho un llamado directo al pueblo para que se una al movimiento. No es solo una lucha estudiantil; es un grito colectivo contra el primer ministro Edi Rama.
En un acto simbólico lleno de significado, los manifestantes incendiaron siete sillas tapizadas en rojo frente a la sede del Gobierno, cada una marcando un mensaje claro sobre la falta de diálogo real. Después, marcharon hacia el Ministerio de Educación exigiendo tasas más bajas y mayores inversiones en educación mientras denuncian abiertamente la corrupción del sistema educativo.
A pesar del apoyo recibido por parte de la oposición para exigir la dimisión de Rama, los estudiantes mantienen también críticas hacia Sali Berisha, líder opositor y ex primer ministro; coreando lemas contundentes como «Rama a prisión; Berisha a prisión». Las palabras del propio Rama resuenan en el aire: «Quienes glorifican la violencia… tienen que entender que habrá una respuesta persistente del Estado».
Este movimiento va más allá del ámbito educativo; está relacionado también con una feroz oposición a proyectos inmobiliarios que amenazan con arrasar las costas adriáticas e involucran hasta conexiones internacionales como las del yerno del expresidente estadounidense Donald Trump.

