Palma

Adiós a ‘Saíto’, el corazón del emblemático bar Niágara de Palma

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Isaías Antonio Mozo Català, o como todos lo conocíamos, ‘Saíto’, ha dejado este mundo en Zamora a la edad de 82 años. La noticia nos golpea, porque Palma pierde a uno de esos rostros que son parte de nuestra memoria colectiva, vinculados a los bares históricos que formaron nuestra ciudad.

Desde hacía años, ‘Saíto’ vivía con su hermana Enriqueta en Zamora, pero ambos fueron durante décadas los alma mater del bar Niágara. Este local se encontraba en una esquina del paseo Mallorca con la calle Rubén Darío, un edificio racionalista diseñado por el arquitecto Francesc Casas. Todo comenzó un 15 de mayo de 1955 cuando Antonio Mozo y Juana Català decidieron abrir las puertas de aquel lugar que pronto se convertiría en un punto de encuentro para generaciones enteras.

Un legado inolvidable

A medida que pasaron los años, sus hijos Enriqueta e Isaías tomaron las riendas y transformaron el Niágara en el refugio favorito de muchos palmesanos. ¿Quién no recuerda esos bocadillos irresistibles que preparaba Enriqueta? Pero más allá del sabor, lo que realmente atraía a la gente era la personalidad arrolladora de ‘Saíto’. Con su sonrisa y su calidez, lograba hacer sentir a cada cliente como si estuviera en casa.

No era raro ver tertulias animadas entre médicos del cercano Colegio y estudiantes universitarios, especialmente cuando la Universitat de les Illes Balears estaba justo enfrente. El nombre del bar también tenía su propia historia: «¿Por qué Niágara?», solía decir ‘Saíto’, «porque mi padre había sido marino y quería rendir homenaje a esas cataratas que tanto le impresionaron». Nunca supe si esa anécdota era cierta o simplemente parte del humor tan particular que siempre mostró.

El Niágara cerró sus puertas en diciembre de 2004 tras casi medio siglo ofreciendo buenos momentos. Sin embargo, los recuerdos siguen vivos entre aquellos que compartieron charlas profundas y risas desbordantes allí. A pesar de estar lejos en Zamora, ‘Saíto’ nunca olvidó su isla; regresaba siempre para reencontrarse con viejos amigos y disfrutar una buena comida juntos.

Aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo recordarán su simpatía contagiosa y cómo convertía un simple bar en un verdadero hogar comunitario. Su partida marca el final de una era; se lleva consigo un pedazo de Palma llena de vida, amistad y esa forma tan especial de entender lo importante que es compartir momentos. Que la tierra te sea leve, querido ‘Saíto’.

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