En el parque Albert Camus, justo frente al mar y flanqueado por dos símbolos de Palma, como el edificio de Gesa y el Palau de Congressos, la imagen se repite. Un hombre duerme en un banco, ajeno al bullicio que le rodea. Esta escena no es nueva; a pesar de los esfuerzos del Ajuntament de Palma por desalojar a las personas que han encontrado en este espacio un improvisado hogar, cada día se ve más gente buscando refugio aquí.
Un ‘dormitorio’ a pie de playa
La situación es alarmante: incluso algunos trabajadores se ven obligados a acampar en tiendas cerca de la playa de Can Pere Antoni debido a la falta de opciones asequibles. Estos habitáculos van y vienen entre los árboles del parque, donde conviven personas de diversas nacionalidades. Justo al mediodía, un joven reposa plácidamente en una tienda mientras objetos dispersos alrededor cuentan su historia.
A unos pasos, varios bancos son ocupados por otras personas que duermen discretamente. Son rostros variados: desde subsaharianos hasta españoles que han caído en esta dura realidad. La vida sigue alrededor con familias jugando y empleados del parque trabajando sin prestar demasiada atención a lo que ocurre bajo sus narices.
La cercanía de un albergue público y otros asentamientos cercanos ha convertido este rincón en uno señalado en rojo para el sinhogarismo en Palma. Las miradas curiosas no pueden evitar observar cómo estas personas viven entre sus escasas pertenencias guardadas en bolsas o cajas; una triste muestra de su vulnerabilidad.
Aquellos con algo más de suerte han conseguido armarse una tienda donde refugiarse del sol y reunir sus pocas cosas alrededor. Sin embargo, al ser abordados suelen mostrarse reacios; la desconfianza es palpable. Mientras tanto, otros siguen durmiendo a pocos metros del Palau de Congressos y el edificio emblemático, esperando quizás tiempos mejores o simplemente sobreviviendo día tras día.

