En un giro inesperado, el gobierno de Mallorca ha decidido abrir las fincas públicas a la caza, y todo gracias a una presión que parece incesante por parte de VOX. Pedro Bestard, en un acto que no ha dejado indiferente a nadie, ha conseguido que este tema tan candente tome protagonismo en nuestras vidas. La pregunta es: ¿realmente necesitamos esto?
Una cuestión de principios
Los defensores del medio ambiente han levantado la voz. Desde muchas organizaciones se cuestiona cómo podemos seguir adelante con esta práctica cuando sabemos que hay alternativas más sostenibles. Es como tirar a la basura lo que nos queda de naturaleza virgen para favorecer un monocultivo turístico que solo beneficia a unos pocos.
No podemos ignorar el clamor popular. En palabras de los ciudadanos, “la caza no debería tener cabida en nuestras fincas”, y hay quienes incluso se sienten traicionados por estas decisiones. No se trata solo de números o estadísticas; hablamos del futuro del paisaje balear y su biodiversidad.
Es hora de reflexionar sobre qué tipo de legado queremos dejar. Los espacios naturales deben ser preservados para las futuras generaciones, no entregados al interés particular bajo el disfraz del desarrollo económico. La caza puede parecer una tradición arraigada, pero hoy más que nunca debemos preguntar: ¿es eso suficiente?

