En un escenario político cada vez más tenso, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se presenta como el único escudo viable frente a lo que él considera una doble amenaza: por un lado, los partidos árabes y la izquierda israelí; por otro, Irán. En una entrevista reciente con Israel National News, Netanyahu no ha ocultado su inquietud respecto a las encuestas que colocan a su partido, Likud, en un apretado empate técnico con Yashar, liderado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot. Esta situación lo lleva a solicitar a su electorado una movilización urgente.
La advertencia de Netanyahu y su llamado a la acción
“Estamos atascados”, afirmaba Netanyahu mientras instaba a sus seguidores a ir a las urnas. El mensaje es claro: si no se presentan en masa, corren el riesgo de ver cómo la izquierda y los árabes obtienen una representación mayor en el parlamento. Para él, esto no es solo una cuestión electoral; es una cuestión de supervivencia nacional. “Un gobierno de centro-izquierda sería un desastre para Israel, algo similar al fiasco de Oslo pero multiplicado”, dice con evidente preocupación.
No se detiene ahí. También arremete contra formaciones menores dentro de la derecha como Pueblo de Israel y advierte: “Que nadie tire su voto a la basura. Voten por el Likud”. Pero quizás lo más impactante son sus declaraciones sobre Irán. Para Netanyahu, este país representa la mayor amenaza existencial que enfrenta Israel hoy día. “Solo hay una manera de garantizar que esto termine y es derrocar a este régimen”, sentencia con firmeza.

