En un giro inesperado de los acontecimientos, la justicia ha hablado. Un juzgado de lo Penal en Palma ha condenado a dos de los tres ladrones que, hace poco más de un año, se atrevieron a robar casi un millón de euros en joyas de Bulgari. La escena fue digna de una película: el 2 de octubre del 2025, estos tipos montaron un operativo para seguir a un repartidor que no sospechaba nada. Cuando el hombre estacionó su furgoneta en la calle Bonaire, los ladrones entraron en acción como si estuvieran en una misión secreta.
Un plan bien orquestado
Con un pequeño taladro, hicieron un agujero junto a la cerradura y accedieron al vehículo sin levantar ninguna sospecha. En cuestión de minutos, lograron hacerse con un botín valorado en 973.000 euros. Pero esto no fue todo; su racha delictiva había comenzado antes, concretamente el 24 de septiembre en Inca, donde aprovecharon el despiste del repartidor para dar inicio a su andanza criminal.
La historia continuó entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre cuando asaltaron tres vehículos más, llevándose sumas que rondaban entre 4.700 y 5.100 euros. Todo parecía estar perfectamente coordinado desde algún piso del barrio Cas Capiscol: usaban coches alquilados para vigilar a sus víctimas y ocultaban las pruebas con pegatinas del mismo color que las chapas.
Ayer, tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía durante la vista celebrada en Vía Alemania, uno de los acusados recibió una pena de 3 años y 9 meses, mientras que su compañero tuvo que aceptar 4 años y 3 meses tras las rejas. Y aunque uno sigue fugado, esta condena deja muchas preguntas abiertas sobre cómo funciona realmente nuestra justicia ante este tipo de delitos.

