En Sant Antoni, la situación de la vivienda ha alcanzado niveles alarmantes. Las últimas inspecciones han revelado casos insólitos, como 70 personas hacinadas en un local y hasta 130 en un solo edificio. ¿Hasta dónde vamos a llegar?
La realidad es que esta problemática va más allá de números; afecta a nuestra comunidad, a nuestras familias. En el corazón de Balears, donde el turismo se ha convertido en el rey, parece que hemos olvidado lo esencial: la vida digna y la convivencia.
Un monocultivo turístico que nos ahoga
Nadie puede negar que el turismo ha sido una fuente de ingresos importante, pero ¿a qué precio? La búsqueda incesante de turistas está destruyendo poco a poco nuestros barrios. Nos encontramos con edificios enteros dedicados al alquiler vacacional mientras los vecinos luchan por encontrar un hogar asequible. Esta es una realidad que muchos estamos viviendo cada día.
A medida que se suceden las denuncias y las inspecciones, queda claro que necesitamos medidas urgentes y valientes para cambiar esta tendencia. No podemos seguir tirando a la basura nuestro patrimonio cultural y social solo por unos euros más. Es hora de replantearnos nuestras prioridades antes de que sea demasiado tarde.

