En el corazón de Palma, un viejo túnel aguarda su oportunidad. Este pasadizo, que solía conectar la emblemática Plaça Major con el Parc de la Mar, fue inaugurado en 1931 como parte de la primera línea ferroviaria de Mallorca. Desde entonces, ha sido testigo mudo de cómo nuestra ciudad ha cambiado a lo largo de las décadas. Cerrado en 1965, parece que ahora podría resurgir gracias a una propuesta presentada por Miquel Àngel Riera, presidente de la Associació d’Amics del Ferrocarril.
Una segunda oportunidad para el túnel
La idea es clara: recuperar esos 800 metros que aún se conservan y darles un nuevo uso. Pero no un uso cualquiera; se busca convertirlo en un espacio público y cultural que invite a los ciudadanos a redescubrirlo. Con un acceso desde la Plaça Major mediante un ascensor o escaleras, el interior del túnel podría transformarse en un punto neurálgico lleno de vida y actividades.
No es solo una idea al aire; Riera menciona que Amics del Ferrocarril lleva más de veinte años reclamando algo así. Según él, recuperar este tramo podría ser mucho más viable y menos costoso que otras soluciones complejas. Y es que aprovechar lo ya existente siempre suena más sensato que tirar a la basura recursos en proyectos nuevos.
Imágenes generadas por inteligencia artificial muestran cómo podría quedar este espacio rehabilitado; una visión gráfica del potencial escondido tras sus muros. A pesar de contar con el apoyo de ARCA, quienes se dedican a preservar nuestro patrimonio, ellos no participaron directamente en el diseño ni en las imágenes presentadas.
A lo largo de los años, el tren ha ido dejando huellas imborrables en nuestra ciudad. Desde su llegada inicialmente tirado por mulas hasta convertirse en locomotora a vapor, este transporte marcó una época entre las murallas antiguas y las primeras calles llenas de automóviles. En 1928 comenzó la construcción del túnel bajo Palma para aliviar las tensiones del tráfico creciente, pero fue solo una solución temporal ante los retos económicos que surgirían después.
Cerrado desde 1965 y fragmentado por construcciones modernas como los aparcamientos alrededor de Plaça Major y Mercat de l’Olivar, este antiguo pasaje espera pacientemente por su reinvención. ¿Quién sabe? Quizás pronto podamos caminar por allí nuevamente, disfrutando no solo del pasado sino también del futuro cultural que promete traer consigo.

