¿Alguna vez te has imaginado subiendo a un autobús con un antifaz? Esta fue la experiencia que vivieron 25 estudiantes del Grado Medio de Atención a la Dependencia del IES Ramón Llull. Promovidos por la ONCE, estos jóvenes decidieron ponerse en los zapatos –o mejor dicho, en los ojos– de las personas con discapacidad visual. Con gafas de simulación y antifaces, se lanzaron a una aventura que les permitió sentir el nerviosismo y las dificultades que enfrenta alguien ciego al utilizar el transporte público.
Una lección de empatía
Guiados por un técnico de Rehabilitación de la ONCE, los chicos no solo viajaron en un autobús de la EMT; también vivieron momentos llenos de tensión e incertidumbre. Xisca Muñoz, presidenta del Consejo Territorial de la ONCE en Baleares, explicó que esta actividad tiene como objetivo abrir los ojos de los alumnos sobre las necesidades de quienes requieren asientos reservados. «A menudo vemos gente ocupando esos lugares, absortos con el móvil o simplemente negándose a cederlo», reflexionó Muñoz.
Durante este viaje sensorial, Ainara Ferrer compartió su experiencia: «Al principio no parece complicado, pero pronto te das cuenta de lo difícil que puede ser». Laia Malagón también comentó sobre cómo enfrentarse a un autobús lleno podría resultar aterrador: «Ahora me siento más dispuesta a ayudar a alguien con discapacidad».
Biel Salas, responsable del proyecto educativo en EMT Palma, resaltó el compromiso por mejorar el transporte público. Este tipo de iniciativas no solo fomentan el uso del transporte urbano sino que promueven valores como el civismo y el respeto hacia quienes más lo necesitan. El cambio está en marcha y cada paso cuenta para construir una sociedad más inclusiva.

