En las hermosas islas Baleares, donde el sol brilla y el mar nos abraza, hay una sombra oscura que pesa sobre los más vulnerables. El alquiler ha alcanzado cifras desorbitadas, llevándose prácticamente cada euro de la pensión de nuestros mayores. Y si piensas que en esta tierra paradisíaca no puede haber problemas, piénsalo de nuevo. La dependencia se encuentra atrapada en un laberinto burocrático con hasta 192 días de espera para recibir atención. ¿Es esto lo que queremos para nuestra comunidad?
La educación y la lucha por un futuro digno
No solo se trata del alquiler; también hay un grito desesperado desde las familias que reclaman al gobierno más recursos para una educación inclusiva. Mientras tanto, dos estudiantes han renunciado a estudiar Medicina en la UIB porque no encontraron dónde vivir. Esto debería hacernos reflexionar sobre qué tipo de futuro les estamos construyendo a nuestros jóvenes.
El panorama es desolador y la situación apremiante. Con un 43,6% de los alumnos de Medicina quedando entre los mejores del MIR, estamos dejando escapar talentos por falta de vivienda adecuada. ¿Quién está dispuesto a asumir esa responsabilidad? La emergencia residencial también se siente en suelo rústico, donde muchas personas viven sin derechos básicos.
A medida que seguimos disfrutando del esplendor balear, no podemos ignorar estos problemas que afectan a tantos. Es momento de unir fuerzas y exigir cambios reales para construir una sociedad más justa y digna.

