Esta semana tuve la suerte de asistir a un encuentro de esos que se quedan grabados en la memoria. Organizado por Unum, un Think Tank vinculado al Benfica, me topé con un verdadero gigante del fútbol: Antonio Simoes. Este hombre, que está a punto de cumplir 83 años, es una leyenda viva y el jugador más joven en levantar una Copa de Europa. Fue en 1962, contra el Real Madrid, cuando apenas tenía 18 años y 139 días.
Sabiduría forjada en el campo
Simoes es todo un ejemplo de lucidez y sabiduría. Su experiencia habla por sí misma; ha vivido lo mejor y lo peor del fútbol. Durante nuestra conversación, me quedó claro que este deporte va mucho más allá de las habilidades técnicas. “El fútbol se juega con la cabeza”, me decía mientras sus ojos brillaban recordando viejos tiempos. No se trata solo de dar patadas al balón o correr tras él; hay una estrategia detrás, una forma de entender el juego que muchos parecen olvidar hoy en día.
No podemos seguir tirando a la basura toda esa riqueza táctica por un espectáculo vacío. En un mundo donde cada vez parece importarnos más el ‘show’ y menos el arte del juego, escuchar palabras como las de Simoes nos recuerda que hay mucho más por descubrir en el campo. El legado del fútbol es también una historia llena de pasión y reflexión.

