El 9 de octubre en Madrid, nos enteramos por Amnistía Internacional de una noticia que deja un sabor amargo. La ONG ha levantado la voz contra la próxima ejecución de Nidal Hasan, el psiquiatra militar responsable del trágico tiroteo en Fort Hood que se cobró la vida de 13 personas en 2009. Pero lo que realmente indigna es que esta ejecución, programada para el próximo 3 de diciembre, será retransmitida en directo por orden del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth.
Un ciclo vicioso de violencia
Justin Mazzola, subdirector de investigación de Amnistía Internacional Estados Unidos, no se ha quedado callado ante esto. Él condena no solo la ejecución en sí misma, sino también el hecho sin precedentes de ser el primer fusilamiento desde 1961 que se retransmite. Según Mazzola, este acto no solo es “condenable”, sino que también refleja la arbitrariedad inherente a la pena de muerte. Retransmitir un fusilamiento al mundo entero solo multiplicará la crueldad y perpetuará ese círculo vicioso de violencia que las autoridades dicen querer erradicar.
Mazzola añade con firmeza: “La pena de muerte es una violación clara y rotunda a los Derechos Humanos”. ¿Y qué hay del argumento sobre su efecto disuasorio? Él asegura que carece totalmente de fundamento; simplemente no hay pruebas sólidas que demuestren que esta pena nos haga más seguros. Al final del día, parece que seguimos atrapados en un juego cruel donde todos perdemos.

