La espera ha terminado. El Málaga vuelve a la competición y lo hace con un aire renovado, listo para enfrentar dos partidos cruciales en su hogar, La Rosaleda. Tras el parón internacional, el equipo de Funes se dispone a enfrentarse al Espanyol en un encuentro que promete ser de alta tensión. Y es que, después de siete jornadas sin conocer la victoria en este regreso a Primera división, el ambiente está cargado de expectativas.
Una oportunidad dorada
El último recuerdo que nos dejó el equipo fue doloroso; ese 1-0 frente al Getafe fue un golpe difícil de digerir. Pero este tiempo fuera del campo ha servido para resetear y tomar aire fresco. Con dos encuentros consecutivos ante su afición, los malaguistas tienen la oportunidad perfecta para cambiar la dinámica negativa.
Ya se siente la emoción en La Rosaleda, donde cada minuto cuenta. El 9 de octubre está marcado a fuego en el calendario del club y sus seguidores. Durante estas semanas han trabajado duro; incluso disputaron amistosos: una contundente goleada 0-6 al Antequera y una derrota ajustada 3-2 frente al Córdoba. Además, las buenas noticias llegan con la recuperación de jugadores clave como Calero y Juan Cruz, aunque Cajuste sigue siendo una incógnita.
Larrubia, uno de los canteranos más destacados del equipo, no se guarda nada: «Somos los mismos que subimos y lo vamos a conseguir». Él sabe que estos dos partidos son fundamentales no solo para sumar puntos sino también para recuperar ese ímpetu junto a una afición fiel que no deja de apoyar. «Queremos convertir La Rosaleda en un fortín», añade con entusiasmo.
Aquí es donde entran las cifras; actualmente, La Rosaleda tiene el segundo mejor porcentaje de ocupación de toda la Primera división con un impresionante 96,2%. Solo El Sardinero le supera por poco, pero eso solo refleja el compromiso inquebrantable de los malaguistas que están listos para acompañar al equipo en esta nueva aventura hacia mejores resultados.

