Kristin Hansen nunca imaginó que su tranquila vida en Santa Eugènia se vería truncada de una manera tan cruel. Binta, su querida perrita teckel mini de solo dos años, fue víctima de un ataque mortal el pasado 30 de septiembre. Todo ocurrió cuando cinco pastores alemanes, provenientes de una finca vecina, abrieron un agujero en la valla y, sin piedad, arrastraron a Binta al otro lado.
Kristin ha vivido más de 15 años en esta localidad y no es la primera vez que expresa su preocupación por la inseguridad que siente desde que estos perros llegaron al vecindario. “Eran tan grandes y ella tan pequeña que ni siquiera podía subir sola a nuestra cama”, recuerda con tristeza.
Una pérdida irreparable
Aquel día fatídico, alrededor de las 10:00 horas, Binta no tuvo ninguna oportunidad. Según el informe del veterinario, las heridas fueron devastadoras: mordeduras en el cuello, abdomen y dorso, lesiones hepáticas y fracturas en la columna cervical. “Estamos desolados; Binta era parte de nuestra familia”, confiesa Kristin entre lágrimas.
La angustia se hace palpable cuando se pregunta: “¿Qué hubiese pasado si mi hija de nueve años hubiera estado allí?”. La mujer enfatiza que este problema no es un ataque a la raza canina, sino un llamado a la responsabilidad. Para ellos, Binta era más que una mascota; era un miembro querido del hogar y un símbolo de la infancia feliz de su hija.
Desde la llegada de los pastores alemanes, el ambiente familiar ha cambiado drásticamente. Kristin describe cómo antes paseaban felices por su finca ahora transformada en un lugar amenazante donde los perros ladran y corren al borde del cerramiento. A pesar de sus intentos por hablar con los vecinos para reforzar el cerramiento—no por buscar conflictos sino por pura preocupación—su vida cotidiana se ha llenado de miedo.
Tras el trágico incidente, Kristin contactó a la Policía Local y al alcalde Pep Lluís Urraca. Al recibir el cuerpo sin vida de Binta envuelto en una bolsa negra, supo que esa imagen nunca se borraría de su memoria. El alcalde les aseguró haber hablado con las autoridades pertinentes sobre los perros pero sugirió iniciar procedimientos civiles para determinar responsabilidades. Sin embargo, lo único que desea esta madre es recuperar ese sentido perdido de seguridad: “Los cinco perros siguen allí junto a nosotros; ¿cómo podemos sentirnos seguros ahora?”

