Era octubre de 2021, una noche que debería haber sido divertida se convirtió en un verdadero calvario para una joven que había escapado de un centro de menores. En el juicio celebrado en la Audiencia de Palma, ella relató cómo esa noche no era capaz ni de mantenerse en pie. «Me metieron algo en la bebida», confesó, dejando claro el horror que vivió.
El acusado, un hombre que había viajado desde Bélgica y tenía un amigo en común con ella, se sentó allí, con su camisa a cuadros como si nada hubiera pasado. Pero lo peor llegó cuando la chica describió cómo, tras sentirse indispuesta por el alcohol y las sustancias que sospecha le echaron en su bebida, él comenzó a hacerle tocamientos. «No quería», decía mientras revivía ese instante horrible donde él la agarró del cuello y la forzó a realizar actos sexuales.
La lucha por escapar
En medio del terror, logró encerrarse en el baño del apartahotel y conectarse al WiFi para pedir ayuda. Había perdido su tarjeta SIM y solo podía recurrir a su educadora de referencia. Gracias a ella, se alertó rápidamente a la Guardia Civil.
Los agentes que llegaron al lugar confirmaron la desesperación de la joven; ella temía salir por puro miedo. A pesar de sus relatos contundentes y claros, el acusado negó todo contacto sexual e incluso afirmó no saber que era menor. Una defensa fría ante un testimonio desgarrador.
La Fiscalía ha pedido diez años de prisión para él y una indemnización de 12.000 euros para la víctima. En esta historia hay dolor, pero también coraje. La valentía de hablar es lo que realmente importa ahora.

