En la tarde del pasado martes, un incendio arrasó el edificio Lluís Salvador de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), y todo apunta a que fue provocado por un material inflamable. La noticia ha dejado a muchos preocupados, no solo por los daños materiales, sino también por lo que esto significa para nuestra seguridad y la gestión de los espacios públicos.
Un aviso ignorado
La comunidad universitaria se encuentra en estado de shock. «¿Es que no aprendemos?», se pregunta uno de los estudiantes, recordando incidentes anteriores. La sensación es clara: estamos tirando a la basura recursos y oportunidades para garantizar espacios seguros. En una sociedad donde tantos luchamos por mejorar nuestras condiciones, ver cómo se ignoran estos peligros resulta frustrante.
No podemos quedarnos callados ante este tipo de negligencias. Más de 145.000 personas en nuestras islas todavía viven sin acceso a agua potable, mientras que en otros ámbitos parece que nos falta el sentido común. La historia del incendio no es solo una anécdota más; es un grito urgente para poner atención en lo esencial y evitar que tragedias como esta se repitan.

