En una noche que prometía diversión y celebración por las fiestas patronales de Sant Mateu, un joven decidió que escalar la emblemática cruz de Bunyola era una gran idea. Sin embargo, lo que empezó como una aventura terminó en un accidente inesperado. Este chico, de apenas 20 años y originario de otro pueblo, se lanzó a la aventura sin pensar en las consecuencias.
Mientras todos disfrutaban del ambiente festivo, el joven intentó treparse por la estructura de piedra, un BIC, bien protegido y lleno de historia. Pero su entusiasmo le jugó una mala pasada; durante su intento, la columna que sostenía la cruz cedió y se partió, llevándose consigo no solo la estabilidad del monumento sino también al atrevido escalador.
Investigación en marcha tras el incidente
El estruendo no pasó desapercibido para nadie. Tras el derrumbe parcial, el joven resultó herido y tuvo que recibir atención médica en el lugar. La situación fue tan sorprendente que el Consell de Mallorca no tardó en reaccionar. Se envió a un inspector para evaluar los daños y pedir un informe detallado al Ayuntamiento de Bunyola para esclarecer qué había ocurrido realmente.
A medida que los técnicos del Patrimonio llegan a la zona para valorar los daños, surge una pregunta: ¿quién se hace responsable por este acto imprudente? Las autoridades están decididas a investigar a fondo lo sucedido. En momentos así es importante recordar que nuestras tradiciones y símbolos merecen ser respetados. Esperemos que esta anécdota sirva como lección tanto para quienes buscan emociones fuertes como para quienes administran nuestro patrimonio cultural.

