Desde hace semanas, los vecinos de Sant Jordi están en pie de guerra. La razón: el inicio de las obras en un solar donde se proyecta la construcción de 118 nuevas viviendas. Recientemente, el derribo de una casa y, más tarde, una barraca de roter han encendido las alarmas. Aunque ninguna de estas estructuras contaba con protección patrimonial, el temor a que algo valioso pueda perderse siempre está latente.
La promesa del Ajuntament
El Ajuntament de Palma salió al paso este jueves para tranquilizar a la comunidad. Aseguran que no ha habido destrucción de elementos protegidos durante estas obras. Según ellos, desde el principio se cuenta con supervisión arqueológica, como marca la licencia para iniciar los trabajos. Es más, han nombrado a un arqueólogo que estará al tanto de cualquier movimiento en el terreno.
Este profesional será quien decida qué hacer si aparecen restos arqueológicos; su conservación está garantizada y se integrará en una futura zona verde dentro del proyecto urbanístico. Además, el molino que actualmente ocupa otro lugar también será trasladado allí para que todos podamos disfrutarlo sin que se pierda.
A pesar de todo esto, hay que aclarar que las obras aún no han comenzado realmente. Lo único que se está haciendo son labores previas como desbroce y preparación del terreno. Una vez terminen esas tareas y verifiquen que todo va según lo autorizado, darán luz verde a la construcción efectiva.
En resumen, desde el Ajuntament aseguran estar tomando todas las medidas necesarias para proteger nuestro patrimonio mientras avanzamos hacia una nueva urbanización. Sin embargo, muchos vecinos todavía tienen dudas sobre cómo esta transformación afectará al carácter del barrio.

