Miquel Maimó se encuentra en una encrucijada emocional. Después de dedicar toda su vida al bar Vista Alegre, ha decidido dar un paso al lado y dejar que otros continúen con su legado. «Un mallorquín dará continuidad a nuestros llonguets«, asegura, visiblemente aliviado tras firmar el contrato de arras para traspasar este emblemático local palmesano. Sin duda, ahora podrá dormir más tranquilo, aunque no ha sido un camino fácil.
A pesar de que las ofertas no le han faltado, él y su mujer tenían claro que querían alguien que cuidara la esencia del lugar. Al principio solo recibieron propuestas de interesados asiáticos, pero todo cambió cuando apareció un vecino de la zona dispuesto a mantener viva la tradición. Este último día en el trabajo será el 13 de octubre; sin embargo, antes se tomará unos días para que sus empleadas disfruten de sus vacaciones. «Cerraremos del 26 de septiembre hasta el 13 de octubre; el nuevo regente ya estará al mando el día 14″, precisa Miquel con cierto orgullo.
Una despedida llena de recuerdos
A pesar del alivio por dejar su bar en buenas manos, hay una profunda tristeza que lo acompaña. «Llevo más de 40 años trabajando aquí, parte de mí se queda en el Bar Vista Alegre», confiesa emocionado. Como tercera generación al frente del negocio familiar, sus abuelos comenzaron esta aventura en 1960, y él prácticamente creció entre fogones y clientes.
Ahora se enfrenta a un futuro incierto pero liberador. «Siento vértigo por dejar atrás algo tan importante», reconoce Maimó, quien sabe que es hora de pensar en sí mismo y disfrutar del merecido descanso. La carga burocrática ha aumentado con los años y su salud le está pidiendo un respiro: «No tenemos hijos y soy diabético; ha llegado el momento de decir adiós aunque me asusta pensarlo».

