La noche del pasado sábado, Binissalem se convirtió en el epicentro de un espectáculo natural que pocos esperaban. Una tormenta feroz descargó 59 litros de agua en apenas una hora, mientras que en Escorca, la cifra alcanzó los 73,6 litros. ¿Quién puede dormir tranquilo con semejante despliegue? La verdad es que muchos de nosotros nos encontramos despiertos, atónitos ante la fuerza de la naturaleza.
Un desbordamiento inesperado
La intensidad de estas lluvias ha dejado a todos sorprendidos. En pleno agosto y con temperaturas que rondaban los 33 grados, este fenómeno parecía algo sacado de una película. Pero aquí estamos, enfrentándonos a un clima impredecible y exigente. Y claro, no podemos olvidar las advertencias: el riesgo de incendios será alto o incluso extremo cuando llegue el día del eclipse. Ya lo sabemos: el tiempo se vuelve nuestro enemigo y amigo al mismo tiempo.
No solo es cuestión del agua caída; también se siente la angustia de quienes viven en zonas propensas a inundaciones. Los daños aún están por evaluarse, pero lo cierto es que las comunidades deben prepararse para lo inesperado. ¿Cómo vamos a adaptarnos a esta nueva realidad climática? Es un tema que nos toca a todos.

