El pasado jueves, el sudeste de Ucrania vivió una jornada de horror con al menos siete muertos y 76 heridos a causa de los ataques del Ejército ruso. En la región de Dnipropetrovsk, el gobernador militar Oleksandr Ganzha no dudó en compartir este desgarrador balance en sus redes sociales. Entre las víctimas se encuentran cinco personas fallecidas y 67 heridas, incluyendo a dos menores que apenas tenían cuatro años y otra niña de once.
La ciudad de Pavlohrad fue especialmente golpeada, donde un ataque dejó huellas imborrables. En la capital regional, Dnipro, el ataque a una planta de aceite de girasol perteneciente a la multinacional Bunge también tuvo consecuencias fatales: dos personas perdieron la vida. El ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, ya había informado sobre esta situación devastadora. Al menos cinco personas resultaron heridas allí; entre ellas una pequeña de seis años y una mujer joven de 24 que ahora lucha por su vida en un hospital con un estado que los médicos califican como ‘moderado’.
La violencia sigue extendiéndose
Pero esto no es todo. Las alarmas han sonado en otros municipios cercanos como Nikopol y Kamianski, donde también se registraron ataques que dejaron más heridos. Es difícil encontrar palabras para describir el sufrimiento que estos eventos están causando. La comunidad se siente cada vez más impotente ante esta situación insostenible, mientras las noticias siguen llegando desde el frente sin tregua.

