En el pequeño pero valiente núcleo de Port des Canonge, los vecinos se enfrentan a la cruda realidad tras el paso del temporal. Las imágenes hablan por sí solas: casas afectadas, escombros esparcidos y un paisaje que ha cambiado de la noche a la mañana. El Ayuntamiento de Banyalbufar no ha tardado en reaccionar, y su regidora de Medi Ambient, Francesca Luculano, está al frente del esfuerzo para solicitar la declaración de zona catastrófica. «Hay mucho daño, sobre todo en las casas. El temporal ha entrado en el núcleo urbano y está todo destrozado«, nos cuenta con voz preocupada.
Las consecuencias del viento implacable
Las cifras son aterradoras: rachas que han alcanzado hasta 158 kilómetros por hora. Esto no solo se traduce en una mera anécdota meteorológica; son centenares de pinos caídos que han dejado su huella en las viviendas y las infraestructuras del lugar. Hoy, los equipos de emergencia están trabajando duro para devolver algo de normalidad a esta comunidad golpeada. Un contingente formado por 15 efectivos del IBANAT, seis bomberos de Mallorca y tres unidades de emergencias están dedicados a despejar caminos y retirar restos peligrosos que obstaculizan la recuperación.
Pero no todo es trabajo institucional; también hay un fuerte espíritu comunitario. El alcalde Joan Vives destaca cómo los propios vecinos se han puesto manos a la obra para colaborar entre ellos durante el caos. «Queremos ver si lo pueden declarar catástrofe«, insiste Luculano, refiriéndose a las gestiones necesarias ante una situación tan crítica.
A pesar del esfuerzo conjunto, muchos siguen sin electricidad desde ayer, y la incertidumbre reina sobre cuándo podrán recuperar este servicio básico. La empresa Endesa trabaja contra reloj para asegurar el tendido eléctrico mientras los operativos continúan luchando contra los efectos del temporal. En Banyalbufar, todos saben que juntos podrán superar este desafío, aunque ahora mismo lo importante es atender las necesidades más urgentes.

