En un giro inesperado de los acontecimientos, el Ayuntamiento de Cort ha reconocido que no pudo «evitar» la compra del emblemático Can Pesquet por parte de un tercero. Con una sinceridad que sorprende, la administración ha admitido su impotencia ante la situación y se queda con las manos vacías ante el futuro de este espacio tan querido por muchos. «Ya lo veremos», comentan entre murmullos, como si tuvieran un as bajo la manga.
Un legado en peligro
La preocupación entre los vecinos crece día a día. ¿Qué pasará con Can Pesquet? Muchos temen que este lugar se convierta en otro proyecto más de monocultivo turístico que solo busca llenar los bolsillos de unos pocos, mientras que el alma del barrio se pierde irremediablemente. La incertidumbre es palpable y todos nos preguntamos: ¿dónde están las promesas de proteger nuestro patrimonio?
Mientras tanto, otros temas también marcan la agenda local, como la intención de Lucía Muñoz de repetir como candidata de Podem a la batlia de Palma o las demandas vecinales sobre el nuevo sistema ORA en Pere Garau. Pero al final del día, es Can Pesquet lo que nos duele a todos. Hay un sentimiento colectivo: queremos saber qué pasará y cómo podemos luchar para que este lugar siga siendo parte de nuestra historia.

