En medio de una crisis que ha puesto a Ceuta en el centro del debate europeo, hemos visto cómo la ultraderecha se aprovecha de la situación para sembrar el odio. Y mientras los ciudadanos, conmocionados por el drama humanitario, intentan encontrar respuestas, hay quienes prefieren tirar a la basura cualquier atisbo de libertad de expresión. El pasado dos de agosto, ultras se manifestaban ante la embajada de Marruecos en Madrid, mostrando su verdadero rostro.
En lo que va del año, 129 periodistas han perdido la vida en diferentes partes del mundo. Pero aquí, en nuestro suelo, la violencia también se hace sentir. Aprovechándose del desasosiego generado por la crisis migratoria, muchos optan por golpear a quienes cuentan las historias que no quieren escuchar. Desde Ucrania hasta México y ahora aquí; donde se supone que debería reinar la paz, el periodismo enfrenta un ataque frontal. Esto no es más que un intento desesperado de callar voces críticas bajo el manto de protestas aparentemente pacíficas.
Un escenario cada vez más peligroso
Esa zona gris entre paz y guerra se convierte en un terreno fértil para las especulaciones y los temores. Las redes sociales son un hervidero donde cualquier rumor puede convertirse en realidad; ¡es aterrador! La desestabilización, esa palabra que resuena con fuerza hoy día, encuentra su máxima expresión gracias a figuras como Trump o Meloni. ¿Y nosotros? Nos quedamos mirando desde el sofá mientras ellos juegan con nuestras libertades.
A pesar de este clima hostil, hay quienes levantan la voz para defender a los periodistas. Algunos ceutíes han decidido apoyar abiertamente a aquellos que cubren los acontecimientos diarios sin temor ni reparos. Sin embargo, los políticos parecen más preocupados por sus propios intereses que por proteger a quienes informan al público.
El diplomático Javier Rupérez ha sido uno de los pocos que ha hablado claro sobre esta situación: ‘Es hora de poner fin a la censura’. Con 85 años y una vida dedicada al servicio público, su llamado resuena fuerte entre tanto silencio cómplice.
No podemos permitirnos ser indiferentes ante estas agresiones ni ante el aumento del odio en nuestras calles. Es momento de recordar nuestra responsabilidad cívica y exigir que todos respeten el derecho a informar sin miedo ni restricciones. Si seguimos callando o ignorando estos ataques sistemáticos a nuestros medios y periodistas estaremos dando luz verde a aquellos que desean llevarnos hacia atrás en lugar de avanzar hacia una sociedad más justa.

