En un momento en que el Athletic Club comienza a ganar confianza, tras enlazar dos victorias que han devuelto la ilusión a los aficionados, las decisiones del presidente Uriarte han generado una tormenta institucional. Mientras los jugadores se preparan para buscar su tercer triunfo consecutivo, la gestión del club se ve empañada por actuaciones que no están sentando nada bien entre los socios.
A muchos les preocupa que las decisiones sobre gobernanza, que deberían discutirse en la Asamblea de Compromisarios, se estén tomando sin contar con ellos. Uriarte ha decidido dar un giro radical a cómo se manejan las entradas del club. ¿Y qué ha sucedido? Pues que veteranos y expresidentes han visto reducidas sus invitaciones. La Agrupación de Veteranos solía recibir alrededor de cien entradas; ahora parece que ni eso. Además, tras quitarles las invitaciones, los expresidentes solo tienen acceso a un nuevo asiento vitalicio en el palco.
Cambio drástico en la política de entradas
La noticia más impactante es que el Athletic ha decidido no ofrecer más invitaciones para los partidos, reservándose únicamente para los representantes oficiales del club. Esto no solo afecta la imagen amigable y familiar que siempre ha caracterizado al Athletic, sino también pone en riesgo esa conexión invaluable con su base social.
Los expresidentes ya han levantado la voz y advierten sobre el peligro de este tipo de decisiones para la institucionalidad del club. Y lo cierto es que estos cambios van más allá de unas pocas entradas; implican una transformación profunda en cómo se relaciona el club con sus miembros más leales.
No olvidemos que esta crisis de entradas también suspende aquellos intercambios habituales con otros clubes y compromisos institucionales. El efecto rebote es inminente: menos representación en desplazamientos y un futuro incierto si esto sigue así.
Por si fuera poco, parece ser que incluso los futbolistas del primer equipo tendrán limitadas sus opciones a invitaciones gratuitas; aunque les dejarían algunas entradas pagadas. La situación es tan tensa que ya hubo protestas dentro del vestuario por varios problemas internos relacionados con jugadoras del femenino y trabajadores de Lezama. Todo esto añade presión al presidente, quien todavía busca agendar una reunión entre dirigentes y capitanes después de diez días buscando una fecha adecuada.

