La historia comenzó el 1 de septiembre, cuando el encargado de un taller mecánico en Foners se encontró con la desagradable sorpresa de que uno de los coches que tenía a su cuidado había desaparecido. Sin pensarlo dos veces, denunció el robo a la Policía Local. Con las llaves puestas y todo listo para ser reparado, ¿quién podría haber imaginado que alguien tendría la cara dura de llevárselo?
Un encuentro inesperado
Menos de 24 horas después, durante la madrugada del 2 de septiembre, una patrulla de la UVAC hizo su ronda habitual y, ¡sorpresa!, se topó con el vehículo robado. Estaba aparcado en una plaza reservada para personas con movilidad reducida, con el motor rugiendo y tres tipos dentro. Los agentes no podían creerlo; era como si el ladrón estuviera desafiándolos.
Cuando les pidieron que salieran del coche, el conductor no solo se negó, sino que empezó a gritar e insultarles. Y como si eso no fuera suficiente, al enterarse de que estaba denunciado por robo intentó darse a la fuga. En ese momento, los otros dos ocupantes aprovecharon para salir corriendo. Pero nuestro amigo al volante no tenía intención de irse tan fácil; opuso resistencia hasta que los agentes lograron reducirlo y arrestarlo.
Durante el registro le encontraron las llaves del coche robado en su bolsillo. Para colmo, ni siquiera quiso dar su nombre y llegó sin documentación alguna. Así que lo llevaron a comisaría para identificarlo mediante sus huellas dactilares antes de pasar por un chequeo médico y acabar en el módulo donde están los detenidos.
Finalmente, los policías se pusieron en contacto con el encargado del taller quien acudió raudo a recuperar su vehículo. Mientras tanto, las diligencias fueron enviadas al Juzgado correspondiente para seguir adelante con este peculiar caso.

