En una cálida mañana de septiembre, nos encontramos con Antoni Pizà, un musicólogo que ha cruzado océanos, desde su querida Felanitx hasta la vibrante Nueva York. Su nuevo libro, titulado ‘Ficcions fugitives’, nos invita a explorar las complejidades de la existencia humana a través de sus vivencias. Con una sinceridad que atrapa, Pizà asegura que este trabajo no solo habla de su vida; es un reflejo de experiencias universales que todos compartimos.
Del Mediterráneo a la Gran Manzana: Un viaje personal y literario
Al preguntarle sobre el título del libro, Pizà sonríe y explica que se inspira en una obra de Prokófiev. “Son ficciones porque adornan realidades”, dice con un brillo en los ojos. “Intento capturar esos momentos fugaces que nos definen”. La obra comienza en su Mallorca natal y culmina en Nueva York, mostrando así una evolución entre el ensayo y la narración. Cada capítulo es un reflejo no solo de sus raíces, sino también de cómo ha ido transformando su identidad a lo largo del tiempo.
Pizà comparte cómo su experiencia neoyorquina ha influido en su escritura: “Las historias de Felanitx son parte de mi linaje, pero las vivencias en Nueva York son más recientes y me han llevado a crear nuevas narrativas”. A medida que profundiza en su obra, revela que no todo es autobiografía convencional; es autoficción donde lo real se mezcla con lo imaginado.
Y aunque pueda parecer un desvío hacia otros géneros literarios, el profesor asegura que sigue inmerso en la musicología. Está trabajando paralelamente en otro proyecto musical. Para él, la música siempre será el hilo conductor: “Es mi brújula”, confiesa mientras rememora sus inicios con una monja enseñándole solfeo y piano.
Pizà también reflexiona sobre temas universales como el fracaso y la sexualidad. “Hablamos tanto del éxito, pero pocas veces del fracaso”, subraya. En un mundo obsesionado por las metas alcanzadas, él decide abrirse sobre esos momentos difíciles e íntimos que todos enfrentamos.
“Escribir en catalán me permite conectar más profundamente con mis emociones”, afirma al hablar sobre el idioma de su narrativa. Sin embargo, está convencido de que los temas abordados resonarán mucho más allá de nuestras fronteras locales.
A medida que termina nuestra conversación, se siente esa pasión latente por seguir creando. “Todo libro tiene imperfecciones”, admite Pizà con humildad. Pero eso no le frena; al contrario, lo impulsa a seguir explorando nuevas historias para contar.

