La mañana de este domingo, la costa del norte de Chipre se convirtió en escenario de una tragedia que nos deja sin aliento. Un ferry catamarán, que llevaba a 267 personas, se hundió cerca de Kirenia, un lugar que muchos asocian con vacaciones y relax, pero hoy vive un momento desgarrador. El primer ministro turcochipriota, Ünal Üstel, ha confirmado que hay víctimas mortales aunque aún no se tienen cifras concretas. Es un drama que nadie quiere imaginar.
Operativo de rescate en marcha
Mientras las autoridades locales luchan contra el tiempo, el alcalde de Kirenia, Murat Senkul, ha señalado que “la situación es muy grave”. Hasta ahora han logrado localizar a 159 personas, pero la incertidumbre sigue pesando como una losa sobre todos. Efectivos de la Guardia Costera y embarcaciones civiles han llegado al lugar para ayudar en esta complicada operación. Las ambulancias también están listas para atender cualquier emergencia.
El ferry había partido poco antes desde Kirenia hacia Tasucu, en Mersin (Turquía), cuando comenzó a hacer agua por razones todavía desconocidas. En un abrir y cerrar de ojos, la embarcación volcó. Su capitán lanzó una llamada desesperada pidiendo auxilio; no hay palabras para describir lo angustiante que debe haber sido ese momento. Con 259 pasajeros y ocho miembros de la tripulación a bordo, el sueño de unas vacaciones se convirtió rápidamente en pesadilla.
Esta desgracia ocurre en un contexto complicado: Chipre lleva dividida desde 1974 tras la ocupación turca del norte de su territorio. A pesar de los esfuerzos internacionales por reunir a la isla bajo una misma bandera durante décadas, el camino hacia la paz sigue lleno de obstáculos y esperanzas frustradas.

