La madrugada del sábado fue testigo de un revuelo inesperado en la capital de Níger, Niamey. Un grupo de militares decidió lanzar un intento de golpe de Estado que, según las autoridades nigerinas, ha sido calificado como frustrado por la Alianza de Estados del Sahel (AES). Pero aquí no termina la historia; todos estamos a la espera de que el líder militar Abdourahmane Tchiani se muestre públicamente para aclarar el panorama.
Una situación alarmante que preocupa a todos
Níger forma parte de esa peculiar alianza junto con Burkina Faso y Malí, donde las juntas militares han tomado el control tras varios golpes. En su comunicado del sábado, la AES condenó con firmeza este amotinamiento llevado a cabo por algunos militares en la Base Aérea 101 y el barrio Plateau, lugares claves cerca del Palacio Presidencial. “Gracias a la valentía y profesionalismo de las fuerzas republicanas leales, este último intento fue contenido”, afirmaron rotundamente desde la AES.
A pesar de que se logró detener este episodio insurreccional, el mensaje va más allá: instan a los ciudadanos a estar alertas frente a posibles campañas de desinformación. La incertidumbre crece entre los nigerinos mientras que voces autorizadas advierten sobre un clima interno peligroso. Según fuentes cercanas a RFI, los insurrectos eran fuerzas especiales desplazadas sorpresivamente desde regiones críticas como Tillabéri o Dosso.
Bakary Sambe, director del Instituto Tombuctú, no oculta su preocupación: “Por primera vez desde el golpe de 2023, la amenaza provino no de grupos externos o yihadistas, sino desde nuestras propias filas”. Esto pone en evidencia una profunda división dentro del Ejército nigerino. Además, se ha señalado que el Gobierno ha tenido que recurrir a mercenarios rusos del Africa Corps para intentar restaurar el orden interno. “El apoyo ruso ya no es una hipótesis”, destaca Sambe al mencionar que fue el mismo mando nigerino quien solicitó su presencia para recuperar instalaciones vitales.

