En el corazón de Mallorca, el Círculo Mallorquín ha sido durante 175 años un refugio para la burguesía y la aristocracia. Pero, ¿sabías que detrás de su fachada de exclusividad se esconde una historia llena de intrigas? Así lo revela el historiador Jaume Munar Arrom en su reciente libro, donde desmonta mitos sobre uno de sus socios más ilustres: Juan March Ordinas.
Un mito que se desmorona
La leyenda nos dice que este magnate del contrabando no fue admitido en el selecto círculo social local. La narrativa cuenta que, herido en su orgullo, decidió erigir un palacio justo al lado del club. Pero aquí viene lo sorprendente: según Munar, Juan March sí fue socio del Círculo. De hecho, en una junta general del 16 de junio de 1916, fue admitido por unanimidad. ¡Imagínate la sorpresa!
Munar también relata cómo las actividades del Círculo iban más allá del mero ocio; eran espacios donde se acordaban matrimonios entre los miembros de esa élite cerrada. En sus fiestas y puestas de largo, los jóvenes hacían conexiones importantes bajo el manto de un elitismo importado directamente de clubes ingleses e italianos.
Pero no todo era color de rosa para todos. Las mujeres estaban excluidas como socias hasta 1981; solo podían acceder acompañadas por los hombres de su familia. Su rol era esencial en ciertos eventos como las puestas de largo o las reuniones sociales, pero quedaban relegadas a un segundo plano.
A pesar de esas restricciones históricas, hoy el Círculo sigue vivo con cerca de 400 socios y abierto a toda la sociedad mallorquina. El antiguo edificio donde funcionaba también ha tenido su propia transformación; ahora alberga al Parlament balear y mantiene intacto gran parte del patrimonio artístico heredado.
Munar concluye reflexionando sobre cómo este espacio no solo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos, sino que también rinde homenaje a su rica historia mientras mira hacia el futuro.

