La derrota del Mallorca en Granada no debe ser motivo de alarma ni de desánimo. La realidad es que el equipo, en un mal día, no estuvo a la altura y eso se notó en cada rincón del campo. Luis García tiene ante sí el desafío de revertir esta situación. Pero antes de entrar en pánico, recordemos que los errores cometidos son parte de un proceso más amplio.
Un camino lleno de aprendizajes
El problema no es nuevo; viene arrastrándose desde las temporadas pasadas con Arrasate y Demichelis. El Mallorca necesita mejorar tanto en defensa como en ataque. Pacheta dejó claro que hay que trabajar duro: las transiciones defensivas deben ser más ágiles y los espacios, mucho más controlados. No podemos permitirnos regalarlos al rival, porque la Segunda División es dura y hay equipos con calidad suficiente para aprovecharse.
Adri Fuentes y Luvumbo tuvieron sus oportunidades, pero lo cierto es que el verdadero reto será conseguir generar peligro constante. Y ojo, que la puntería también se entrena; esto no es solo cuestión de suerte.
A pesar del tropiezo, no veo razones para alarmarse tras solo dos jornadas disputadas. Este proyecto necesita tiempo para consolidarse bajo la dirección de un entrenador comprometido y un grupo ansioso por crecer juntos. Me gusta lo que veo: una plantilla con hambre y talento, aunque todavía echo en falta un central y un pivote defensivo.
La Liga es larga; necesitamos fondo de armario para afrontar lo que venga. Estoy convencido de que Pablo Ortells sabe perfectamente qué decisiones tomar esta temporada.
No olvidemos las palabras de Luis García al inicio: él pidió «equilibrio», tanto en las victorias como en las derrotas. Después del revés frente a Granada, algunos nervios empiezan a aflorar, pero eso no significa caer en la desesperación. Hay que exigirles hasta el último aliento, pero también darles espacio para trabajar sin presión excesiva.

