En un panorama que cada vez se tiñe más de tensión, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha hecho un llamamiento claro y contundente al Ejército de Israel: ¡basta ya! Los recientes bombardeos en el sur del Líbano, especialmente en la localidad de Ansar y el distrito de Nabatiye, han dejado una estela trágica con al menos siete vidas perdidas. En su mensaje a través de redes sociales, Salam no se ha cortado un pelo al señalar que cualquier intento de Israel por invadir territorios libaneses es absolutamente inaceptable.
Un grito por la paz
“La responsabilidad de lidiar con cualquier infraestructura militar recae exclusivamente en nosotros”, ha afirmado, dejando claro que las víctimas de estos ataques no eran combatientes ni representaban ninguna amenaza. ¿Qué puede haber sido más devastador que perder a seres queridos en este contexto? Las mujeres y niños que fallecieron no eran “objetivos militares”, ha insistido con firmeza. Este ciclo de escalada violenta está afectando directamente a comunidades enteras: “Los intensos bombardeos infunden terror entre los residentes en sus propios hogares”, ha advertido Salam.
A pesar del acuerdo firmado entre el Gobierno libanés y Israel sobre el desarme del partido-milicia chií Hezbolá y una retirada gradual del Ejército israelí del sur, los ataques continúan como si nada hubiera cambiado. La justificación de Israel sobre esta agresión es hablar de una “infraestructura terrorista” que pone en riesgo a sus tropas. Pero ¿acaso esto vale más que la vida humana?

