La Policía de Zimbabue ha confirmado una noticia devastadora: 44 personas han perdido la vida tras el vuelco de un ferry sobrecargado en el lago Kariba. Este trágico suceso, que tuvo lugar en la víspera, ha llevado al presidente Emmerson Mnangagwa a declarar el «estado de desastre» en la región. Según las declaraciones oficiales, el ferry RIDA, perteneciente a la Agencia de Desarrollo de Infraestructuras Rurales, estaba llevando a bordo a 119 personas, incluyendo 114 pasajeros adultos y cinco tripulantes, además de varios niños cuyo número exacto sigue siendo incierto.
Un viaje fatal por aguas traicioneras
En los primeros informes se hablaba de 15 muertes confirmadas y 77 rescates, con 27 personas aún desaparecidas. El ferry se encontraba en ruta desde Kariba hacia Chalala cuando fue sorprendido por oleaje intenso cerca de la isla Long, lo que provocó su vuelco. Ante esta situación alarmante, el Gobierno ha activado una respuesta nacional coordinada para llevar a cabo tareas de búsqueda y rescate; incluso se ha desplegado un helicóptero para ayudar en las labores.
A pesar de que la embarcación tenía capacidad para 90 personas, se habían vendido 114 billetes para este trayecto; algo que no debería haber sucedido si se hubieran seguido las normas adecuadas. Josphat Jaji, secretario permanente de Asuntos Provinciales y Descentralización, confirmó este dato preocupante. Esta tragedia nos recuerda la importancia vital del respeto a las normativas de seguridad en el transporte acuático.
El lago Kariba no es solo un hermoso paisaje; es también el embalse artificial más grande del mundo por volumen y está situado entre Zimbabue y Zambia. Ya hemos visto desgracias similares en sus aguas; en 2014, murieron ahogadas 26 personas tras naufragar otra embarcación. Este nuevo desastre nos deja con una profunda tristeza y muchas preguntas sin respuesta.

