En un giro impactante de los acontecimientos, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha comunicado hoy que sus fuerzas han llevado a cabo ataques dirigidos contra lo que él denomina «el último gran bastión de la flota rusa en el Mar Negro». Esta base naval se encuentra en Novorosisk, una ciudad situada en la provincia de Krasnodar, y según las autoridades rusas, estos bombardeos han dejado un saldo trágico de dos fallecidos.
Un éxito estratégico y un mensaje claro
Zelenski no ha dudado en calificar estos ataques como un éxito notable. A más de 300 kilómetros de la línea del frente, se utilizaron drones Palianitsia y misiles Neptune para impactar con precisión en posiciones clave: desde defensas aéreas hasta muelles e infraestructura portuaria. En sus propias palabras compartidas a través de redes sociales: «La flota de ocupación y toda su infraestructura no estarán seguras mientras continúe la agresión rusa». Un recordatorio contundente de que Ucrania sigue firme en su lucha.
Sin embargo, la respuesta desde Rusia no se ha hecho esperar. Las autoridades locales han denunciado que este ataque ha dejado varios heridos y al menos dos muertos, entre ellos un niño de apenas ocho años. El gobernador Krasnodar, Veniamin Kondratiev, detalló cómo durante la noche las defensas aéreas rusas intentaron repeler lo que él describe como «un ataque masivo con cientos de drones», lamentando así las vidas perdidas y los daños causados a viviendas civiles.
El Ministerio de Defensa ruso informó sobre haber interceptado 502 drones durante esos eventos nocturnos; una cifra alarmante que muestra la intensidad del conflicto actual. Mientras tanto, Zelenski continúa insistiendo en que hay propuestas diplomáticas razonables sobre la mesa para poner fin a esta guerra desgastante. La pregunta persiste: ¿será suficiente para detener esta espiral violenta?

