Yuli Ospina, una colombiana de 31 años, lleva cinco años viviendo en Mallorca. Este mediodía, a las 14:30 horas, su vida dio un giro inesperado cuando recibió un mensaje de voz desgarrador de su padre. En él, Fernando Ospina lloraba mientras le contaba que había ocurrido un terremoto en su ciudad natal, Armenia, Colombia. Sin poder tener noticias de su madre, Gloria, y con la preocupación latente por su tío Julián y su primo Samuel, Yuli se sintió atrapada en una hora de angustia.
La incertidumbre que duele
«No sabía nada de ellos», comparte Yuli entre lágrimas. La magnitud del temblor fue devastadora: 7,4 grados que sacudieron el oeste colombiano y dejaron al menos medio centenar de muertos. A medida que pasaban los minutos sin comunicación, la desesperación crecía. «Fue muy angustiante seguir el seísmo desde lejos y no saber cuán grave era todo». Pero finalmente pudo contactar con su familia; todos estaban a salvo aunque aún muy asustados.
Mientras esperan poder volver a sus casas, Yuli cuenta que están preocupados por las posibles réplicas del sismo y se encuentran en las calles del barrio con sus vecinos. «Las noticias dicen que ciudades como Pereira o Cali están más afectadas», añade con preocupación.
Aquel recuerdo la lleva a revivir el trauma de otro terremoto fuerte que vivieron hace años en Armenia. «Todos quedamos marcados por esa experiencia», recuerda con nostalgia y miedo. Esta vez no estaba en casa para ayudarles a sobrellevarlo; solo podía sentir cómo la distancia multiplicaba su dolor.
El sismo también le recordó lo sucedido en Venezuela; ese desastre resonó fuerte entre ambos países hermanos. «Nunca imaginamos que tan pronto tendríamos que enfrentar otra tragedia así», concluye Yuli con una mezcla de tristeza y esperanza.

