La mañana del 9 de agosto se tornó oscura en el puerto yemení de Moca. Al menos siete personas han perdido la vida y otras 35 han resultado heridas tras un devastador ataque aéreo perpetrado por la insurgencia hutí. Las fuentes médicas lo confirman, así como Saba TV, la cadena oficial del Gobierno en Adén, y más tarde, un portavoz militar declaró a Al Yazira lo que había sucedido.
Este ataque es uno de los más mortales desde que las hostilidades entre el Ejército yemení y los hutíes volvieron a intensificarse. Con al menos veinte drones lanzados contra el puerto, controlado por el Gobierno de Adén, algunos fueron derribados gracias a la defensa aérea de la zona. Pero lo que realmente impacta es que los hutíes se han atribuido este acto con una justificación inquietante: aseguraron que allí se almacenaban militares y armas enviadas por Arabia Saudí, su gran aliado en este conflicto interminable.
Afectaciones graves para la población civil
No obstante, las fuentes de Saba TV denuncian que estos drones no alcanzaron objetivos militares sino instalaciones civiles y zonas residenciales cercanas. La dirección del puerto ha advertido sobre “grandes daños materiales” en el área tras esta agresión. Este ataque no es un hecho aislado; se inscribe dentro de una escalada de violencia que comenzó esta semana. El pasado sábado, Yemen anunció otra ofensiva por parte de los hutíes contra Marib, una ciudad clave bajo control gubernamental.
Mientras tanto, el Ejército de Yemen ha decidido responder con fuerza, llevando a cabo operaciones militares contra las posiciones rebeldes especialmente en Hodeida. La situación parece empeorar cada día; todos sentimos la presión creciente en esta región donde el conflicto parece no tener fin.

