MADRID, 30 de julio. En un giro inesperado de los acontecimientos, Ucrania ha puesto el dedo en la llaga tras el reciente episodio vivido en Polonia. Un misil ruso ha cruzado la frontera y ha aterrizado en territorio polaco, recordándonos que la amenaza sigue latente. El ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, no ha dudado en expresar su preocupación a través de las redes sociales, subrayando que «un misil de crucero ruso Kh-101 violó el espacio aéreo de la OTAN como parte del ataque masivo contra Ucrania».
La llamada a la acción
Sibiga no se ha guardado nada y ha enfatizado que este incidente es una clara señal de que es momento de reforzar urgentemente las defensas aéreas de Kiev. La situación es crítica; solo esa noche Rusia lanzó un total escalofriante de 74 misiles y cientos de drones sobre Ucrania. «Este criminal de guerra, Putin, sigue atacando sin piedad a mujeres y niños», añadió con indignación.
El presidente Volodimir Zelenski también alzó su voz este jueves para lamentar la falta de proyectiles necesarios para proteger a su país ante tal agresión. En medio del caos, ocho vidas se perdieron durante esta última ofensiva rusa, que incluyó más de 280 drones y más de 70 misiles según las autoridades ucranianas. Es hora de actuar; ¿hasta cuándo vamos a seguir ignorando lo evidente?

