Todo ocurrió un domingo cualquiera en los juzgados de Inca, donde un hombre de 37 años decidió aprovechar la situación para llenarse los bolsillos. Este individuo, que ya había estado en problemas con la ley por robar móviles a turistas, se encontraba tras las rejas cuando la jueza, cumpliendo su deber, lo dejó salir.
Pero antes de salir por la puerta, se le ocurrió una idea que rápidamente lo llevaría de nuevo al centro del escenario. Mientras recogía sus cosas personales, tuvo la osadía de hacerse con una bolsa ajena. No solo robó un móvil; también se llevó 391 euros y otros objetos personales pertenecientes a otro detenido. En un giro del destino, el ladrón salió disparado de los juzgados como si hubiera ganado el premio mayor.
La justicia siempre vuelve
Sin embargo, su momento de gloria no duró mucho. Poco después de su fuga improvisada, agentes de la Guardia Civil lo interceptaron y lo cachearon. Y ahí estaba: un iPhone 15 brillante, el dinero en efectivo y hasta unas gafas Ray Ban estaban entre sus pertenencias. ¿Acaso pensó que podría salirse con la suya?
El juicio fue rápido y sin contemplaciones: aceptó una condena de un año y cuatro meses por hurto agravado. Así es como termina esta historia sorprendente que nos recuerda que a veces las decisiones impulsivas tienen consecuencias inesperadas.

