MADRID, 16 de julio. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha dado a conocer este jueves un paquete de ayuda que asciende a 300 millones de euros, destinado a proporcionar a la Fuerza Aérea de Ucrania 16 cazas Gripen, fabricados en Suecia. Esta noticia llega en un momento crucial, justo cuando Starmer se encuentra en Kiev, apenas unos días antes de dejar su cargo.
Con esta decisión, el ‘premier’ británico no solo refuerza su compromiso con la defensa ucraniana, sino que también apoya el empleo en empresas británicas. Ha subrayado la necesidad de «mejorar las capacidades de Ucrania para defender su espacio aéreo frente a los ataques rusos», según lo declarado desde Downing Street.
Un impulso vital para la industria y la defensa
La construcción de estos cazas está prevista en las fábricas de Saab en Fareham y Leonardo en Edimburgo, donde se generarán alrededor de 5.000 empleos gracias a unas cincuenta empresas implicadas en el proyecto. Está claro que esta inversión tiene múltiples beneficios: se espera que Ucrania reciba estos aviones para 2029, pero eso no es todo; también se incluirá entrenamiento para pilotos e ingenieros y otros equipos necesarios para operar los cazas.
Los Gripen son aeronaves polivalentes; participarán en combates aire-aire y llevarán a cabo misiones contra objetivos terrestres y tareas de reconocimiento. Sin duda alguna, esto representa un paso hacia una fuerza aérea moderna capaz de hacer frente a los constantes ataques rusos.
Starmer reflexionó sobre sus visitas anteriores a Ucrania y lo devastador que ha sido el conflicto: «He visto la destrucción que Rusia ha causado, los escombros y las historias desgarradoras de quienes han visto sus vidas destrozadas por esta guerra». Es por ello que enfatizó: «el apoyo del Reino Unido nunca flaqueará».
Añadió con firmeza: «Hoy estamos contribuyendo para que estos avanzados cazas surquen los cielos ucranianos, fortaleciendo su capacidad defensiva al mismo tiempo que apoyamos miles de empleos cualificados aquí en casa». En esta colaboración entre ingenieros británicos y pilotos ucranianos se vislumbra una esperanza compartida: construir un futuro más seguro para Ucrania mientras se refuerza nuestra propia industria defensiva.

