Este domingo, Niza se vistió de solemnidad y emoción. Miles de personas salieron a las calles para recordar a los 86 fallecidos y los 486 heridos en aquel trágico atentado del 14 de julio de 2016. Un día que quedó grabado a fuego en la memoria colectiva, cuando un camión se convirtió en el instrumento del horror en el Paseo de los Ingleses, un lugar que debería ser sinónimo de disfrute y tranquilidad.
Un acto cargado de sentimientos
A medida que caía la noche, los nizardos comenzaron su marcha con rosas blancas en mano, simbolizando tanto la tristeza como la esperanza. La ciudad se llenó de aplausos para honrar a sus valientes bomberos, esos héroes anónimos que no dudaron ni un instante en ayudar. Siguiendo el mismo camino que recorrió el camión asesino, marcharon hasta ‘El Ángel de la Bahía’, donde guardaron un emotivo minuto de silencio. Las coronas de flores depositadas allí eran testigos silenciosos del dolor compartido.
Mañana lunes será otro día significativo: una ceremonia interreligiosa reunirá a las víctimas y sus familias en la Villa Massena, también ubicada en ese emblemático paseo. Y al día siguiente, el presidente Macron y su esposa estarán presentes para presidir un acto lleno de simbolismo: una ceremonia seguida por un concierto que promete unir a todos los asistentes en un mismo sentir.
Como si el tiempo se detuviera, Niza planea encender esos 86 haces de luz justo treinta y cuatro minutos después del fatídico momento hace diez años. Es más que un homenaje; es una promesa colectiva de nunca olvidar lo vivido y seguir adelante juntos.

