Este domingo, la Guardia Revolucionaria de Irán ha lanzado una dura acusación contra Estados Unidos, señalando que el país norteamericano está intentando «imponer su voluntad» sobre Omán. ¿Y cómo lo hacen? A través de un paso marítimo que ellos mismos consideran «ilegal» en el estrecho de Ormuz. Pero aquí no acaba la cosa; esta justificación ha llevado a Teherán a responder con ataques dirigidos a instalaciones militares en Jordania, Kuwait y Bahréin. Este nuevo episodio pone de relieve cómo las tensiones entre ambos países siguen aumentando, incluso mientras se llevan a cabo negociaciones.
Según un comunicado del cuerpo militar iraní, «Estados Unidos intentó provocar a varios buques anoche para crear este paso ilegal», pero su intento fue frustrado por una respuesta contundente de la Armada. La situación es tensa y cada acción parece traer consigo una respuesta aún más agresiva. Así lo han manifestado desde Teherán al asegurar que los ataques aéreos por parte de Washington contra bases costeras iraníes han provocado lo que ellos llaman «una respuesta contundente».
Una cadena interminable de hostilidades
En medio de todo esto, el Ejército iraní afirma haber atacado la base aérea jordana Príncipe Hasán, donde habrían destruido un centro de control y varios hangares utilizando drones y misiles balísticos. Y no solo eso; también aseguran haber golpeado objetivos en Bahréin y Kuwait, incluyendo sistemas de defensa Patriot y depósitos de municiones pertenecientes al ejército estadounidense.
A medida que las horas pasan, la tensión crece. Desde Teherán advierten que si las agresiones estadounidenses continúan, habrá respuestas aún más severas. En medio del ruido bélico, el Mando Central del Ejército estadounidense (CENTCOM) ya ha anunciado ataques contra Irán tras un episodio en el que la Guardia Revolucionaria interceptó un buque comercial chipriota que supuestamente ignoró sus instrucciones.
Aquí estamos, observando cómo este cruce interminable entre ambos países se intensifica justo cuando parece haber una leve oportunidad para el diálogo. Sin embargo, cada bombardeo parece enterrar esas esperanzas bajo toneladas de tensión y desconfianza.

