En la vibrante isla de Mallorca, donde la música y el arte se entrelazan, Roberto Fuentes, un nombre conocido en la escena electrónica, ha decidido dar un paso audaz hacia lo desconocido: el mundo del tatuaje. Con más de veinte años marcando ritmos como DJ y profesor, ahora se presenta con su última creación: Shadow Light One, una máquina patentada que promete cambiar las reglas del juego al permitir tatuar completamente a oscuras.
Esta idea no surgió de la nada. Roberto, junto a su compañera Raquel Sánchez, co-creadora del proyecto, se dio cuenta de que nadie había explorado esta posibilidad antes. “Nos sorprendimos de que nadie lo hubiese inventado todavía”, confiesa. Y es que trabajar sin luz tradicional no solo evita distracciones; también ofrece una experiencia única tanto para el artista como para el cliente. De hecho, ya tienen planes ambiciosos: “Queremos tatuar a Marron en El Hormiguero en una sala a oscuras”, dice Roberto con entusiasmo.
Sostenibilidad y accesibilidad
Pero hay algo más detrás de esta invención. La preocupación por el medio ambiente es palpable en sus palabras. Roberto destaca cómo el desperdicio de tinta puede alcanzar hasta un asombroso 80% en los métodos convencionales. “Queremos que nuestro invento sea útil a nivel de sostenibilidad y evitar malgastar tinta innecesariamente”, añade con determinación.
Aún están trabajando en definir un precio final, aunque Roberto estima que podría oscilar entre los 400 y 600 euros: “Nunca inventaría algo inalcanzable”. Y aunque reconoce que su especialidad no son los tatuajes (a pesar de tener formación), tiene claro cuál es su verdadera pasión: la música. En su tiempo libre, sigue dando clases de DJ en Miniclub, conocido como ‘el Barbero’, donde defiende fervientemente el vinilo frente a las nuevas tecnologías.
Pese al cambio radical hacia el mundo del tattoo, Roberto cree firmemente que la técnica siempre marca la diferencia. Su deseo es claro: hacer de Shadow Light One una herramienta habitual en estudios tanto locales como internacionales. Al fin y al cabo, ¿quién podría imaginarse un futuro donde las agujas bailan al ritmo de una noche estrellada?

