La situación de Aston Martin es un auténtico culebrón. Con cada carrera que pasa, el equipo siente cómo se agota el tiempo hasta que llegue ese anhelado paquete de mejoras que promete cambiar las cosas en Budapest. El AMR26 sigue dando problemas y, aunque Honda asegura que están «por el buen camino», la realidad del monoplaza británico es otra.
Un fin de semana para olvidar
El último Gran Premio en Silverstone fue un claro reflejo de esta crisis. Fernando Alonso, con su habitual sinceridad, no pudo ocultar su frustración tras ver cómo su coche se apagaba sin explicación durante la vuelta de formación. «Esto no puede volver a pasar», sentenció el bicampeón mundial, mientras Lance Stroll intentaba hacer lo imposible por mantener su monoplaza en la pista. Pero la verdad es que las cosas no iban bien; sus constantes salidas y sanciones sólo mostraron más carencias del AMR26.
Stroll, siempre tan vocal, admitió que el subviraje era insoportable y que todo se complicaba aún más con un coche dañado. «Cada vuelta es una lucha diferente», comentó con resignación. La buena noticia es que ya tienen la mirada puesta en Hungría, donde esperan un giro radical en el rendimiento. Sin embargo, hay preocupación por lo que viene: Spa podría ser aún peor para ellos. «Sabemos que será realmente difícil y probablemente el peor circuito del año para nosotros», concluyó Stroll.

