En un día que prometía ser tranquilo, la batlessa de Campos decidió alzar la voz en medio de un ambiente cargado de emociones. Estábamos allí, rodeados de unas 10.000 personas, todas unidas por una causa: proteger el emblemático Trenc. Con la determinación a flor de piel, cada uno de nosotros sentía el peso del mensaje claro y contundente que resonaba en la multitud: «El Trenc no se toca«.
Cadenas humanas y protestas
No es fácil ver cómo se desdibuja lo que amamos. La indignación crecía cuando supimos que algunos trabajadores de IB3 acusaban a la dirección de manipular información sobre nuestra cadena humana en defensa del Trenc. ¡Qué falta de respeto hacia todos los que defendemos este paraíso! Y mientras todo esto sucedía, el calor asfixiante nos recordaba que no solo luchamos contra decisiones políticas, sino también contra las adversidades climáticas que nos amenazan.
A medida que avanzaba la jornada, los ecos de nuestra protesta resonaban aún más fuertes. En medio del clamor popular y los gritos apasionados, muchos comenzaron a recordar historias personales; como aquella mujer que mencionó lo vital que es este lugar para su familia. Así, entre lágrimas y risas compartidas, comprendimos que esta lucha va más allá de una playa; es parte de nuestra identidad.

