La noche de este jueves se tiñó de luto en Kiev, cuando la capital ucraniana fue escenario de una brutal oleada de ataques que ha dejado un desgarrador balance de 25 muertos y cerca de 90 heridos. Las autoridades no han podido evitar que la cifra siga creciendo, pues las secuelas de este ataque están aún por revelarse. El gobernador, Timur Tkachenko, compartió a través de su canal de Telegram la trágica noticia y lamentó que «es posible que se encuentren más víctimas».
Un esfuerzo incesante por encontrar supervivientes
Las labores para retirar escombros continúan en el distrito de Darnytsia, donde los rescatistas trabajan sin descanso. Aunque solo han hallado cinco cuerpos hasta ahora, hay ocho personas con las que aún no se ha podido contactar. Esto nos recuerda lo frágil que es la vida en medio del horror. Como bien dice uno de los rescatistas: «No pararemos hasta despejar cada rincón y dar respuestas a las familias».
Por si esto fuera poco, el impacto no solo se siente en términos humanos; el Servicio de Emergencias ucraniano ha movilizado a 500 rescatistas, junto con 96 unidades especializadas para hacer frente al desastre. Mientras tanto, el Ejército ucraniano informa sobre un ataque masivo con 74 misiles y casi 500 drones lanzados desde Rusia, aunque afirman haber derribado la mayoría.
No obstante, esta escalofriante realidad está lejos de ser un episodio aislado. António Guterres, secretario general de la ONU, ha condenado firmemente estos ataques contra civiles como una “clara violación” del Derecho Internacional. “Estos bombardeos deben cesar ya”, enfatizó su portavoz Stéphane Dujarric. La situación es insostenible.
A horas del ataque, el presidente Zelenski ya había advertido sobre un posible nuevo asalto ruso y parece que sus temores se hicieron realidad. Así estamos nosotros hoy: enfrentando no solo la pérdida sino también la incertidumbre en este conflicto desgarrador.

