Hace un año, Abde Rebbach se encontraba atrapado en un mar de dudas. Regresaba a Vitoria tras su cesión en el Granada, y su futuro en el Deportivo Alavés era todo menos claro. Sin embargo, Quique Sánchez Flores vio algo en él que otros no habían notado y decidió apostar por su continuidad cuando las opciones escaseaban. Esa decisión ha demostrado ser crucial para el equipo.
Un camino lleno de obstáculos
No fue fácil para Abde hacerse un hueco en los planes del técnico argentino. A pesar de no ser un habitual, el joven extremo supo superar cada reto que se le presentó. Su esfuerzo y dedicación resultaron determinantes para que el Alavés mantuviera la categoría, lo cual no es poca cosa.
La llegada de Quique trajo consigo una nueva esperanza. Durante una remontada inolvidable en Balaídos, Abde brilló con luz propia, marcando un antes y un después en su trayectoria. Este año, a diferencia del pasado verano lleno de rumores sobre su salida, tiene garantizada su permanencia en Vitoria.
Su rendimiento estelar al final del curso le permitió incluso estar en la prelista de Argelia para el Mundial; aunque finalmente no logró entrar entre los seleccionados, eso solo habla de lo lejos que ha llegado.
Abde se ajusta como anillo al dedo al estilo vertical que persigue Quique: un jugador que encare a sus rivales sin miedo y que llegue hasta la línea de fondo para servir balones a sus compañeros. En las últimas nueve jornadas, dejó huella con un gol y cuatro asistencias. Aunque el Alavés busca reforzar las bandas con nuevos extremos para competir con él y Ángel Pérez, ambos tienen una ventaja indiscutible: conocen bien cómo funciona este juego.
Así pues, Abde inicia esta nueva temporada consolidado dentro del primer equipo y con mucho por delante. Por fin podrá disfrutar de un verano sin las sombras de la incertidumbre acechando sobre él.

