En el corazón del Congreso de los Diputados, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha alzado la voz en una jornada tensa. Este miércoles, durante la sesión de control al Gobierno, se desató un verdadero torbellino de acusaciones. Feijóo no tuvo reparos en ofrecer una moción de censura «hoy mismo» y exigir la disolución inmediata de las Cortes. Y es que, como bien dijo, los socios del Gobierno que siguen apoyando al PSOE son cómplices directos.
«Señor Sánchez, la corrupción es usted», fue la frase que resonó con fuerza en la sala. La indignación era palpable cuando Feijóo le recriminaba a Pedro Sánchez su incapacidad para mantener un discurso limpio sobre la corrupción mientras su partido se hunde en escándalos. Con ironía mordaz, apuntaba que lo más decente que han visto últimamente es el caso del Tito Berni, haciendo referencia a las cloacas donde parece haberse convertido su política.
Las palabras como dardos
El presidente del PP no se contuvo y pidió a Sánchez que ahorrara al país más bochornos: «Es vergonzoso oírle hablar contra la corrupción». Recordó cómo algunos personajes cercanos a él habían estado implicados en situaciones turbias mientras intentaban dar lecciones de moralidad. Pero ahí no quedó todo; arremetió también contra las nuevas medidas presentadas por el Gobierno, resaltando que robar ya está tipificado y que la justicia solo parece ser amiga de los poderosos.
A medida que avanzaba su intervención, las palabras de Feijóo se tornaron aún más incisivas: «Cada día sin elecciones es una agresión a España». En su mirada había determinación y rabia contenida mientras hacía hincapié en lo absurdo del victimismo utilizado por Sánchez para desviar atención ante sus propios fracasos.
Aquella mañana no era solo política; era un grito desesperado por recuperar dignidad ante unos gobernantes que parecen haber olvidado lo que significa servir al pueblo. ¿Qué hay detrás de esta inacción? ¿Cuántas sentencias más serán necesarias para exigir responsabilidades? Las preguntas flotaban en el aire sin respuesta.

